PROLOGO 2.-
- bellanira mendoza

- 28 may 2019
- 2 Min. de lectura
COMIENZO
Parecía increíble, casi imposible no podía creer que en mi patética y vieja habitación había un portal un poco extraño que podía tele transportarse a otros mundos, el gran tele transportador era mi único recuerdo de mi madre su espejo era un poco grande y rosado que para mi parecer muy poco de mi gusto.
¿Cuándo lo descubrí? Bueno, esa es una buena pregunta lo descubrí un día en el que mi padre y yo discutíamos, en ese momento llore demasiado de furia, tanto que mire por horas el espejo pensando que ridículamente podría aparecer mi madre muy mágicamente tal como en esos estúpidos cuentos de hadas que cuentas cuando eres pequeña, pero para mi sorpresa eso sucedió en realidad, la podía visualizar exactamente como hace 10 años, esa hermosa mujer de estatura 1.60, complexión delgada, suave y sedoso pelo color negro viviente y oscuro, esa nariz nubia que la visualizaba con esos hermosos labios en forma de corazón pequeños y regordetes, y como olvidar esos ojos color miel que esfumaban alegría y cariño, piel linda con su color amarillento y pálido, podía verla, visualizarla completamente y dándome cuenta que nada exactamente nada había cambiado, ese lindo y bello momento no duro mucho pero me hizo muy feliz no recuerdo cuando fue que me quede dormida exactamente pero era raro y demasiado feliz de haber visto esa imagen de mi madre que tanto anhelaba verla.
-¡Eniem! ¡Eniem! ¡Despierta niña! ¡Cariño se te hace tarde!- como repugnaba ese estúpido apodo que me solía decir la “novia” de mi padre, solo esa melodiosa voz me pondría con asqueroso humor.
- Eniem con un demonio levántate se te hará tarde.- gritaba mi padre eufórico, un señor que cree que es el mejor padre del mundo pero simplemente no le importa su verdadera familia tanto que deja que se muera de un tremendo cáncer terminal.
-¡Con un demonio ya escuche Derek!
-¡Pues baja inmediatamente para que desayunes!- grito el viejo desesperado, pero al instante de que mi padre terminara de gritarme se escuchaba muy despacio que Sahara dijo.- Por favor cariño no le grites a la niña, ella bajara cuando desee.
Y es así comienza toda mi hermosa mañana...
.-Eniem 18 años




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